En torno a la verdad

 

La verdad de un poema está fuera de él

porque el poema es sólo un signo.

Pero la verdad de un hombre no está en su interior

porque ese hombre es sólo un hombre,

y su verdad coincide justo con él.

 

La verdad del amor se aparta del propio amor

porque el amor carece de siluetas

y sólo cabe suponerlo al mirarlo en la distancia.

Nunca hablamos de personas, sino de amor

y el amor es un puro asunto de personas.

 

La verdad de existir es toda una paradoja

porque no existe por sí misma.

Soy, pero no me atrevería a demostrarlo.

No sé donde empiezo. No sé si empiezo.

No cabe hablar de verdad donde todo muda.

 

La verdad del mundo es, por contra, rotunda.

Hay mundo sin mí y a pesar de mí.

Pero esto sirve realmente de poco.

No me deja camino para hacer nada

ni aun me lo niega. Puedes llamarlo indiferencia si quieres.

 

 

Blando amanecer

 

Es sólo vago deseo o sueño sin forma

porque no es suya nuestra espera. La noche

nunca hizo de él un porvenir: creció solo

o crecerá, pero no atacará de frente,

pues al saber del amor y sus estancias

llenas de vicisitudes

vuelve a tomar el arma entre sus manos

y la deja caer en este abismo nuestro,

que ella sola buscará, sin apuntar,

un hueco azul de un corazón cansado.

Y morirá, porque es su fuente

su torpe alimento y su palabra.

 

Pero no debo hablar sobre eso ahora

y es que la luz, cohibida entre la noche

me ha hecho morir un poco

o acaso un poco más, como desde hace tiempo.

No hay muerte en el anhelo, el amarillo

ha de venir, llegar hasta el estrecho

pasaje de la mente y continuar

hasta el instante en que

o quede una flor conmigo

o únicamente la flor permanezca,

mas no yo solo y sin ella.

 

 

Esta ilusión

 

Esta ilusión que siento ahora por ti

es antigua y nueva a la vez:

antigua porque siempre la deseé,

nueva porque la encuentro

cuando menos lo esperaba.

 

Y es tan intenso el deseo

sólo de oír tu voz ya enronquecida

que mi mente se escapa y desvaría,

que vuela hasta tu casa, y pone un beso

en tu frente dormida, en tu secreto.

 

Que sueño, en mi vigilia, con la imagen

risueña que vino a conocerme.

Que imagino, por tanto, tu figura.

Que ya nada me importa. Desde un tiempo

pasado regresaste

(y no te presentí, no he de negarlo).

 

Te perderé, sin duda, pero ahora

quiero volver a verte.

Al fin lo conseguiste:

soy aquel que te sueña. Soy, en fin,

esa foto que faltaba

en el álbum de aquellos que te amaron.