Bisectrices
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Parte V -

 

Escrito desde el Interior

en una ciudad limpia de orillas

a ciento veinte leguas de las arenas

sin ese cordón marítimo de voces huecas

cuerpos de guerra que alejan las caracolas,

al envés de todo lo apuntado, escrito

en las calles que me dejaron bien,

para mí,

lo tengo por mío y así camino esta ciudad, y así

respiro el aire de los geranios

sacudido el calor mi aire es brisa, aire

para los perros de las vías del tren,

y silencio

para darnos en qué pensar, silencio.

Si tengo todo esto, así, bien,

escrito lo dejaré

pero sólo para nosotros los de acá,

para que nos dejen asomarnos de una vez

para que nos dejen dormirnos, ebrios de vino y noche

en las barandas de la ribera de este río.

Sus aguas, aquí, nuestras, escritas

desde el Interior: en la Sierra, en sus grillos,

en sus firmamentos irrepetibles;

sólo en ellos, y jamás en vuestra charca.

 

 

Guadalquivir

 

He vestido al río.

Lo he navegado paciendo en sus cristales.

 

He vestido al río.

Me he hundido en su manto y he levantado su lecho con los dedos.

 

He vestido al río.

Fui a su horizonte y robé su sol poniente

y lo rompí y esparcí sus llamas por el agua.

 

He vestido al río.

Corrí a su valle y le puse riberas nuevas

paraísos y jardines colgantes que traje de Oriente.

 

He vestido al río.

He desviado su cauce, lo he hecho discurrir por mi casa y mi cintura.

 

He vestido al río.

¡Le he dado una noche infinita para alumbrarlo de estrellas!

 

 

Objetos de similar castigo

 

Objetos de similar castigo

sois tú y a quien tú buscas

porque la musa que a ambos os susurra al oído

tiene la muerte marcada en la mejilla

y ha de caer por este acantilado

la noche que menos imagines,

cuando se cierna plácida.

 

Objetos de similar castigo

son los labios que rompen las palabras

nacidas en vosotros, arrogantes de este mundo.

Si habláis con la voz de la Gaya Ciencia,

si os siguen los ojos diminutos y las cabezas tibias

asimismo os turbáis con el eco de un futuro

incierto por lo incierto de un pasado

ahogado en las playas de la memoria.

 

Objetos de similar castigo

son los duendes que revolotean vuestro sueño

de imposibles olvidos en la madrugada,

y hablo así porque yo fui uno de ellos

hasta el día impronunciable

en que hube de empujar mi musa por el vértice

de un negro acantilado.

¡No oses sospechar siquiera

cuánto me turbaría esta viejísima y atroz escena

si hubiera de volver a repetirse!

 

Objetos de similar castigo:

tú, por pensarlo; yo, yo por haberlo dicho.

 

Objetos de este tan similar descuido.