Texto para un amor en juego

 

                                              "When I Fall In Love"

                                                              Bill Evans Trio

 

Necesariamente,

inevitablemente

debo apartar la voz y la mirada de tu lado.

Tu silencio es ya excesivo

para vivir con él

sin que la lucidez se venga abajo y se trastorne.

 

Pase lo que pase

al fin me decidí a dejarte un texto

que me dio para ti mi corazón.

Bien es verdad

que ya he perdido en él toda confianza,

pero un amigo es un amigo,

y no puedo abandonarlo en este instante

en que deambula ebrio junto al acantilado.

 

El texto dice así:

necesariamente,

inevitablemente,

verte causa dolor y un torpe acompasar desde mis venas,

es una voz de alarma cuando siento tus pasos

merodeando con sigilo en el jardín.

 

Tengo la sensación

de que mi bien ganada paz corre peligro,

mas no salgo al encuentro del cálido invasor.

Sus ojos malhechores temo hallar,

o su sonrisa, o tanta indiferencia

que pone en el modo de pronunciar mi nombre.


Necesaria,

inevitablemente,

debo permanecer callado

amordazando este latir furioso que en mí arrecia.

Lento transcurre el tiempo

(en su respiración furtiva,

quien saltó sobre el muro me dice que no hay prisa).

 

Adivino una noche interminable

hecha de escaramuzas a ambos lados.

Desafortunadamente,

para mayor desgracia, junto a mí vive el amor

y se me acerca y me susurra: entrégate,

tanta derrota

nunca llegamos a imaginarnos.

 

Imaginar,

sólo imaginar cabe ante tu ausencia.

Lo que acerté a decirte fue una torpeza enorme.

Qué te diré si vuelvo a verte

es algo que no encuentro.

Tan perdido me hallo. Tan perdido.

 

Necesariamente,

inevitablemente

comprenderás cuánta equivocación se llevan mis palabras.

Que eres real, siempre lo supe.

Pero el dolor que todo esto representa

jamás un poema sabrá expresarlo.

Y es que el corazón

no sabe ni escribir, porque no fue a la escuela.

 

 

Semblante no. 1

 

Rostro sereno en el retrato

de un actor dormido soy yo,

rey de un solo río y una sola orilla,

pastor de las aves que baten con sus alas

mis párpados, imponiéndome perplejidad:

 

así los vasallos olvidan mi mandato

y vuelven y vuelven, porque el sueño

no es mala cosecha para quien desespera,

y ríen y ríen, porque el vuelo

produce felicidad una vez alcanzada

lejanía considerable.

 

Gesto que hay en mi rostro,

nadie te invita, pero si has de estar

mejor brindemos para que vengan nubes

de gris oscuro, y el río crezca.