Los conocimientos han dejado de tener importancia en la educación de los alumnos

 

 

El desarrollo tecnológico de las tres últimas décadas ha proporcionado a la sociedad del conocimiento un escenario que no supimos vaticinar allá por los setenta, cuando imaginábamos un año 2000 donde todo eran robots y colonias espaciales en Marte. Y este error se prolongó incluso hasta 1995: Microsoft lanzaba su primera versión de Windows realmente operativa, pero en él no se incluía ningún navegador para internet, aquel protocolo aún reservado a la élite de las universidades.

 

Produce cierto vértigo el volumen de información que obtenemos con sólo introducir un nombre en el buscador Google. ¡Y todo ello se ha incorporado en apenas siete años! ¿Qué nos ofrecerá dentro de veinte o treinta, cuando nuestros alumnos tengan nuestra edad? Si a ello le sumamos los teléfonos móviles, las cámaras digitales, los reproductores mp3, las videoconsolas y la televisión por cable, y lo comparamos con lo que sucede en nuestras escuelas, el resultado viene a ser desalentador. Por muchos ordenadores que instalemos en nuestros centros de enseñanza, ¿qué ha cambiado en esa enseñanza no ya en esos últimos treinta años, sino de cien años para acá?

 

La escuela es una institución universal y secular, sujeta como tal a inercias de hondísimo calado. Es preciso reconocer que hasta el momento no está saliendo bien parada de esta incontestable revolución multimedia que ha rebasado el ámbito tecnológico para convertirse en un fenómeno social. Y sin embargo, aún hay dos factores que juegan a su favor. El primero está asegurado: es su carácter de espacio de socialización. Niños, adolescentes o jóvenes, ellos y ellas gustan de estar con compañeros de su edad, y en ese sentido valoran positivamente su colegio o su instituto.

 

El segundo hay que saberlo jugar: la capacidad que los profesores tenemos para brindar estrategias a nuestros alumnos. Más que los conocimientos, les decía a los míos no hace mucho, lo más valioso son las fórmulas que os damos para resolver cualquier problema diario. Estructuras: esa es la clave. La escuela es como un gimnasio donde os pasáis el día haciendo ejercicios de orden mental, y la mente es como un músculo que necesita ejercitarse para funcionar de forma óptima.

 

Los conocimientos están devaluados, son tan fáciles de obtener que resulta difícil incluso abrirse un claro en la espesura. Por tanto, y respondiendo al enunciado inicial, quizá haya llegado el momento de que los conocimientos pasen en la educación a un segundo plano, y cedan el primer lugar al conocimiento, que significa, según el diccionario, “averiguar por el ejercicio de las facultades intelectuales la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas”, sus estructuras. Dicho de otro modo, se trata de aprender a aprender.