ConvéncetePor causa de unas pastillas me he dormido en tus brazos, y tú, que eres joven (que tu cuerpo fosforece) maldices una y mil veces el haberme conocido.
De nada sirve que mencione la elegancia, con tus ojos no hacen falta semejantes consideraciones. La noche sabe a sorbos de jazmín allá en la calle; no vayas a olvidarlo.
Por culpa de la literatura, por este atropello de palabras inseguras a ti la vida ya no te sale azul como querías.
Déjame tal como estoy. Tus senos prefieren, claro está, la serenata que no llevo. Prefieren —convéncete— un fin de siglo más adecuado.
Ojos tristes de la primaveraOjos tristes de la primavera, me observo en su reflejo como vencido personaje medieval de un futuro extraño, soldado de la soledad azul de mayo.
Tristes ojos de la primavera, quietud en los radiantes pétalos de los claveles. No sé por qué tanto verdor se ha derramado si duele el respirar como una herida abierta.
Primavera de los ojos tristes. Llegaste para sorprenderme en mis acechos y sólo susurraste brisas ya lejanas.
Si he de vivir las horas que acaezcan, mejor es que me oculte antes la noche con su antifaz de azabaches marchitos. |