El verano

 

Ese horizonte azul se lo llevó mayo,

ahora prefiero

tardes rotas de luz

y yo solo en la penumbra fresca,

dulces noches que tejen los grillos lejanos,

noches donde encontrarme con mi antiguo joven

para confundirme con él

y robarle ya sin descuido

sus versos,

sus sueños largos.

 

Generosas horas de agosto,

lunas que me reflejáis del cielo,

llevo ahora el vértigo,

el escarpado descanso a un mar sin playa

adonde el fuego es agua en dunas.

Por el nado ya, inquieto

mas ebrio de sosiego, que ese horizonte

azul que se llevó mayo

es ahora un cielo negro con luceros,

una noche estelada, densa,

un paisaje estampado de firmamentos.

 

 

[Publicado en el nº 2, pág. 11]

 

 

 

Kant no vive aquí

 

Nunca abordó su condición de anfibio

ni fue su voluntad hechizar princesas.

Kant ya no vive aquí, ese tipo extraño

anda de acá para allá sin ser reconocido.

 

Preocupados por él -que nunca ha de apreciarlo-

acudimos al taller en que se emplea,

y a la charca donde croa bajo la luna.

Pero todos nos dijeron: se ha marchado.

 

Que su escuela (a saber: nosotros cuatro)

fuimos locos por seguirlo es consabido.

Mas no suele, en nuestro siglo, ser corriente

 

que un batracio, en sus tratados

se erija en baluarte de la crítica.

El, que imparte clases sobre los nenúfares.

 

 

De aquí a cien años, todos calvos

 

Habrá necios que digan:

nunca suplantado por la máquina.

Y tú, que seguro lo has escuchado, meditas

por un instante mínimo, y el sudor frío,

la ola de carne erizada te roza

te roza...

 

Pero ¿qué pasará si otro vértigo ajeno llega,

cae la tarde, estás adormecido,

Allen lo hizo todo por ti mientras dormías,

Margot Hemingway te besa

y tus deberes para con nosotros están cumplidos?

¿acaso entrarán las hordas de Atila en tu cafetera?

¿se teñirá de carmín el auricular del teléfono?

¿gritarás, dime, gritarás?

 

No has de dejar que el río se lo lleve todo,

perder la ocasión de ser una novia de las de Marc Chagall.

Corre si quieres, pero afuera todo discurre plácido,

los días y las noches pasan ahora

y cada vez más lentamente.

Dime pronto si has vuelto a escuchar la voz de aquel necio

o quedó abstraído en la eterna espiral del sumidero del lavabo.

 

Si es posible, los goces no pasan,

toma el coche y ven en dos minutos, ahora

se pasea. Si quieres

esta noche me hago una coleta. Tú también

estás precioso. ¡Qué risa!

¿Cómo le sentaría a Allen la coleta?

 

 

[Publicados en el nº 4, págs. 12-13]

OTROS LENGUAJES

 

 

Lenguaje, m. Conjunto de sonidos articulados con que el hombre manifiesta lo que piensa o siente. || Facultad de expresarse por medio de estos sonidos. || ... || Manera de expresarse. || ... || Estilo y modo de hablar y escribir de cada uno en particular. || fig. Conjunto de señales que dan a entender una cosa (D.R.A.E.)

 

Todo ámbito de nuestra vida genera su propio lenguaje. Las características del mismo han de estar necesariamente adaptadas a las funciones que dicho lenguaje ha de realizar. Nuestro objetivo de mostrar hasta que punto dichas necesidades orientan la estructuración de un determinado lenguaje nos llevó a la idea de iniciar el seminario con un texto absolutamente ajeno al ámbito poético. Se trataba de una página de código de un programa escrito en Clipper, un compilador de dBase, lenguaje informático orientado a la gestión de bases de datos. Este ejemplo ilustraba las características de dicho lenguaje, entre las que cabe destacar las siguientes:

-          Fundamentalmente se trata de un lenguaje estructurado. Dado que el receptor del mensaje no es humano (nos co­municamos con la computadora o, mejor dicho, con el programa que compila nuestras instrucciones y las traduce a código maquina), se impone la necesidad de una estructuración modular exhaustiva en torno a procedimientos y funciones.

-          Controlar un sistema de enorme complejidad en el que no hay lugar para la ambigüedad impone el empleo correcto de los comandos de control de flujo, así como una máxima claridad en la declaración de variables y parámetros.

-          La necesidad de anticiparse a situaciones excepcionales tanto en la interactuación con el operador (el llamado “interface de usuario”) como en la propia ejecución de los procesos hace que el control de errores suponga una gran parte del código.

-          La documentación del código, realizada a través de líneas de comentario no compilables, ha de ser lo mas amplia posible. Ello permitirá que el programador pueda retomar dicho código con posterioridad (para realizar modificaciones, para extraer procedimientos o funciones que puedan emplearse en otra aplicación...) sin tener que actuar como un detective a la hora de seguir el flujo del programa.

-          A modo de corolario, cabe destacar el hecho de que la informática comprende un universo del discurso donde el lenguaje no representa la acción, sino que produce dicha acción por sí mismo tantas veces como sea llamado.

De lo expuesto puede extraerse una primera conclusión: el lenguaje impone un modo necesariamente útil por su contenido, por el destinatario y por todos sus condicionamientos. La informática, la publicidad, el amor: cada lenguaje engendra su espacio de fuerzas.

La extrapolación de este somero análisis al lenguaje poético pone al descubierto una rotunda decepción: su indefinición. Ello no debe suponer que hayamos de renunciar a su estudio. Por el contrario, debería animarnos a indagar, a seguirle la pista a todos los procesos que actúan en él, tanto a los elementos intrínsecos al lenguaje cuanto a todo lo que lo rodea. En este sentido, nuestra posición en el seminario ha sido en todo momento la de suscitar reflexiones, lejos de intentar dar respuestas de validez universal.

Abro el D.R.A.E. y busco la entrada Poesía. Desprecio las tres primeras definiciones y apunto la cuarta: Género de producciones del entendimiento humano, cuyo fin inmediato es expresar lo bello por medio del lenguaje... Me detengo ahí, es suficiente. Sé que tal descripción, aún a riesgo de ser genérica, será desestimada por muchos lectores. ¿Qué diréis, pues, de la definición número 6? Cierto indefinible encanto que en personas, en obras de arte y cosas de la naturaleza física, halaga y suspende el ánimo, infundiéndole suave y puro deleite. Un halo poético, entre romántico y hedonista, discurre por debajo de un mero intento de aproximación que (cómo no) se vuelve necesariamente metapoético.

Imposibilidad de definición del lenguaje poético: esa es la cruda realidad. Su concepción se hace en base a criterios muy discutidos. Carece de límites. Su objeto se disuelve. Ante tan desolador panorama, recurramos de nuevo al diccionario (en esta ocasión al Griego-Español) para consultar la etimología del término poesía, el verbo poieo: hacer, fabricar, ejecutar, edificar, construir, realizar, efectuar, celebrar, engendrar, dar a luz, producir, obtener, sacar, causar, crear, inventar, componer, suponer, representar...

Basta, no necesitamos más. Mensaje recibido: “poesía” significa creación. Lo que los poetas tienen que hacer es crear. Así vienen haciéndolo desde hace varios milenios, y es esa la dirección en la que hay que continuar cuando se nos acaba el segundo. Este referente es, por supuesto, arbitrario (solo se trata de contar dos mil vueltas alrededor del sol desde que nació un señor que, al parecer, y para mas inri -¿se entiende el juego de palabras?- vino al mundo como cuatro años antes de su fecha de nacimiento. Pero, al fin y al cabo, también Shakespeare y Cervantes murieron en la misma fecha aunque no fallecieron en el mismo día, y nadie se rasga las vestiduras por ello).

Esto es arbitrario, digo. Pero nadie me negará que se respira cierto ambiente de que estamos al final de algo. Y con ello la insoslayable necesidad de que todo debe cambiar más aún en nuestro acelerado planeta. El lenguaje se ha abierto a espacios virtuales insospechados. El lenguaje poético busca otras formas, otros lenguajes incluso (¿otros lenguajes u otro lenguaje?). Nosotros/as, vosotros/as, ellos/as: ¿Quién no busca sus propios paraísos y compromisos en este final de milenio?

Buscar, qué emocionante. No encontrar, no: buscar. Sé de sobra que todos los que estuvimos esos dos días discutiendo, aportando opiniones en el seminario, buscábamos algo. Por mi parte, solo se me ocurrió ponerme delante del Corel DRAW! y anotar lo que yo entendía como una serie de pistas que pudieran servir para la búsqueda de esos “otros lenguajes”: el problema del receptor para el yo poético; la imposibilidad de la obviedad cuando solo cabe la sugerencia; la inspiración como óptimo estado para el desarrollo mental de estructuras; la relación sadomasoquista entre el escritor y la poesía; la poesía como juego, el distanciamiento; la mentira del poeta; la trascendental elección entre el interés del lector, el logro estético y el efecto terapéutico; la tradición de las vanguardias; el reencuentro de la música y la poesía; el transfuguismo hacia la prosa; la fama, la producción y la cuestión del mercado; el diseño y la poesía; el lugar de la poesía en un mundo donde el exceso de comunicación produce “ruido”.

No era mucho, lo reconozco. Pero la gente, después de darle unas cuantas vueltas a la hoja, empezó a animarse. Se organizó un debate que desbordó todas nuestras expectativas. Tranquilos, no pienso extenderme en demostraros cuánto dio de sí, aunque a tenor de la participación que hubo me atrevo a pensar que al menos sirvió para algo.

A mí, en concreto, me resultó ciertamente provechoso.

 

[Publicado en el nº 5, págs. 13-17]