[poesía en publicaciones colectivas]

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Solos bajo la lluvia

 

Aunque una lluvia pertinaz encharque las aceras,

aunque el frío del invierno haya caído con todo su rigor

sobre la ciudad,

allá abajo los veréis caminando lentamente,

plenamente abstraídos en el cálido hechizo del amor.

 

Tienen pocos años, mas tal es su silencio

que hasta estremece verlos venir empapados,

perdidos en un lazo charolado de miradas.

 

Y es su caminar tan pausado, tan perfecto su halo,

profundo de tal modo su entendimiento mutuo

que el paraguas ha ocultado mi rostro al advertirlo:

él no es otro que mi mejor amigo,

y ella,

ahora no hay duda,

la muchacha que siempre había yo amado.

 

 

Tintas para la vida II
SAS, Hosptal Universitario Reina Sofía, 2010

 

 

 

Soneto 10º

 

Yolanda goza bebiendo versos,

siente una extraña satisfacción

al ver reflejos de su emoción

en el color de sus labios tersos.

 

Los que la aprecian están inmersos

en una grave preocupación.

Nadie comprende que su atención

ande perdida en libros dispersos.

 

Y sin embargo, ella imagina

que traza el vuelo del colibrí

libando flores. En una esquina

 

dejé un soneto y, cuando volví,

hallé unas marcas de vaselina

y algunas plumas color rubí.

 

 

Poetas docentes en el aula
Miradas poéticas sobre textos del 27

CEJA, Delegación Prov. de Córdoba, 2008

 

 

 

 

Metro

 

Extraño ser alado,

¿qué piensas cuando cruzo por el puente?

Mi ritmo apresurado

me aleja de la gente

que observa el lento fluir de la corriente.

 

Soldados, mercaderes,

brumosos figurantes de la historia,

en los atardeceres

los veo junto a la noria

(la piedra recupera la memoria).

 

Ensueños de ciclista:

tras de mí queda un templo milenario,

aunque nada a la vista

parezca extraordinario.

Baja el agua camino de su estuario.

 

 

De tu tierra
Fotografías de Manuel Ángel.

CajaSur, 2001. Col. Temas andaluces, 49

 

 

 

Sirena hallada en el
Campo de las Naciones

 

¿Qué puede importar mi cuerpo a tantos otros?

¿Qué alimento ofrezco a sus miradas?

Buscadme por el pabellón seis, que anunciaré

el nombre de la compañía, ¿para qué más?

 

Recibí precisas instrucciones: patinar

en medio de la gente. Lo haré vestida con

brillante maillot y rótulo Park Avenue

sobre mi pecho —todo un acierto—.

 

Que imaginen mis entrañas, ya lo he pensado.

Que crean mis muslos gastados por sus manos

ya lo he pensado. Preferiría no obstante

 

ser considerada producto de un naufragio.

Y, si no, que me descubran los oráculos

por qué razón no veo sino palmeras y mares de coral.

 

 

Un siglo de sonetos en español
Edición de Jesús Munárriz

Ediciones Hiperión, 2000. Col. Poesía Hiperión, 381

 

 

 

Oloroso

 

El silencio hizo ahogar

todo cuanto te turbara

para que el roble velara

sueños de un oscuro mar.

Esta noche, al paladar

viene tu oleaje dormido.

Por un trago he descendido

a una solera en penumbra

donde sólo se vislumbra

la isla quieta del olvido.

 

 

 

Placer del viajero

 

Acaso porque llueve en esta noche escribo

para sentir de nuevo la piel del viajero.

Aún noto deslizarse, cuando cumple el sendero,

por mis labios las gotas que del cielo recibo.

 

Porque huelo su aroma ya soy tierra, y concibo

en la luz y en el agua el elixir primero

y luego, en el sarmiento, aquel fruto ligero

del que brotará el alma en su llanto cautivo.

 

Como nómada vengo arrastrando el paisaje,

a olvidarme en las calles, a perderme en las voces

y los pasos de aquellos que encuentre en el camino.

 

Ahora sólo deseo deshacer mi equipaje.

Cuando caiga la tarde nadaré entre los goces

que me ofrece mi huésped en un sorbo de vino.

 

 

Poemas al vino de Montilla-Moriles
Propaganda Literaria, 1995

 

 

 

Vengo de una noche mágica

 

Vengo de una noche mágica

donde encontrarme con vosotras

es todo un bello truco.

Del fondo de la chistera

en breve asomará claro el rumor

de aquellos labios vuestros

en el bar. Desearía

que el tiempo se escapara:

nunca me imaginé decir volver

y estar a vuestro lado sonriendo,

algo nervioso.

 

 

Pliegos de la Posada, 6
Edición de Pedro Roso
Ayuntamiento de Córdoba, 1994

 

 

 

Avenida de la soledad

 

Quién de vosotros me necesita

y me está llamando por las galerías de la madrugada.

Quién es quien sigue mis pasos tan de cerca,

quién se ha ganado ya el trato de mis sombras.

 

Quién despierta de un sueño al verse en mis ojos

y corre despavorido a refugiarse en sus licores.

A quién le leo ahora su magistral relato

(a quién le marco ahora la boca con un beso).

 

Quién comete perjurio si no me nombra,

quién hace caso omiso a los cielos del invierno

y me trae por los campos negros para venderme al amor.

 

Por quién amanezco cubierto de polvo sobre los escalones;

para quién hablo, de quién digo lo que decir no quiero.

Que venga, que salga de la bruma y clave ya su daga sobre mi edredón.

 

 

 

En la casa de mis tíos el suelo formaba aguas

 

En la casa de mis tíos el suelo formaba aguas,

valles de plata la tarde que entraba por sus balcones,

afluentes de fragancias de sus colinas cercanas,

nubes de constelaciones mis sueños de mago cierto.

 

En la casa de mis tíos la noche se hacía extraña,

formaba enormes palabras de bellos significados:

miles de niños que hallaba en el portal de la tarde

por la noche eran cometas a cuya cola me asía.

 

En la casa de mis tíos los colores salían a verme,

me pintaban las sandalias con manchas de polvo seco,

y luego me recostaban en las penumbras del aire.

 

Por eso cuando recuerdo cómo fueron tales años

dejo de ser yo mismo, y mudo de tal manera

que todo desaparece bajo una tela de sueños.

 

 

 

Nuestra es la singladura por primavera

 

Al amor de un misterioso buque

fue la tormenta y quedó la lluvia mansa

y tanto se acercó al Sol su valor

y tanto se acercó como se acerca la sombra de la tarde

cuando del monte baja que se hizo suyo

fue el Sol poner punto a una batalla

al amanecer todos los que esperar supieron

paz tenían entre sus manos, cundía la brisa en los olivos

cundía la fiesta al palmeral, llegaron naves

desde el puerto velas encarnadas

desde el puerto sobre mástiles fueron banderas

banderas fueron al amor del viento

primavera ya asomada a las ventanas

primavera en los pechos de muchachos

o por ceñir la cintura de muchachas

o por salir la calle hermosa como la soñaron sus  primeros pobladores

lejos las amargas noches entre la alerta

lejos el final aún caliente de enigmáticos retos

encuentros en el océano de las estrellas

mas no recordar aquellos que aguardaron,

diéronse en mañanas su recompensa

que no es dolor, si al aguardar cabe un sosiego:

fe en brazos armados con empeño por los siglos,

amor en los ojos que adivinan mañanas como ésta.

 

 

 

Soledad sin ti

 

Soledad sin ti,

trallazo de oscuro vacío que me rompe.

Recuerdo tuyo,

viaje a un Renoir de cielos limpios.

Tu nombre

ese escalofrío

ese rapto de fiebre que me descarna.

 

Si nado en tu abundancia

mis poros son lagos profundos,

si me interno en arboledas de imaginarte

un niño soy perdido en el ocaso,

si vuelo por las nubes de tu figura

caigo en los acantilados del firmamento

ingrávido

separado de este planeta

roto de sueños

agonizado.

 

Soledad sin ti,

trallazo de oscuro vacío que me rompe.

Distancia de tu lado,

puente que se abre contra el arco iris.

Nombrarte

sólo nombrarte para acariciar tus letras

y luego sentarme y verte transcurrir

de lejos.

 

 

 

El sueño de una noche de verano

 

Bien sabéis que con todos mis respetos espíritus de la noche pero

Dejadme entrar y no ocultadme la sima donde guardáis secretos milenarios

Y apartad el velo que me separa del sueño que enciende la luz de otra luna

No ésta sino aquélla doble que acontece en el pecho de vuestras ninfas

Y es por ellas por siempre supe que el viento agita las ramas de vuestros bosques

Orea así la timidez de vuestra legendaria noticia

Que toda vuestra luz no cabe a ceñirse en el mausoleo de tan umbrío paisaje

Sino volcada ya sin cegador destello en la forma que le da

-¡Oh, pasión de su hallazgo!- la Música no ya  llevada al aire en las manos de sus tañedores

Sino escuchad hondo aposentada como vivo reclamo en las sienes encendidas por el desconsuelo:

Que oir la Música aun dentro del alma es

Conocer el goce ciertamente entregado a mis manos por su creador

En una inefable noche de verano.

 

 

Crátera
Aula de Cultura Astro. Diputación de Córdoba, 1989